El 6 de abril de 1994 iba a condicionar el futuro de Ruanda. También el nuestro, el de Occidente,pues aunque es un tema que queramos enterrar en el olvido, tarde o temprano habrá que afrontarlo. Y pesa mucho.
Ese día el avión del presidente Juvenal Habyarimana (perteneciente a la etnia mayoritaria:los hutus) fue abatido por misiles, pedazos de ese avión llegaron al jardín presidencial del propio Juvenal. Tanto el presidente ruandés como su acompañante (el presidente de Burundi, también hutu) murieron en el atentado.
A los pocos días comenzó el infierno. Los hutus orquestaron la eliminación sistemática de tutsis e incluso de los hutus contrarios al recién fallecido presidente. En algo menos de 100 días se contabilizaron cerca de un millón de victimas, y aquí no había cámaras de gas u otros instrumentos para una matanza masiva y "limpia". Machetes, palos, cuchillos... todo valía.
Estos números son una temible muestra del potencial de destrucción humano. Que no necesita medios, solo voluntad y, sobre todo en nuestro mundo globalizado, enormes dosis de permisividad, indiferencia y constatación de que los propios intereses no corren peligro. Yo todo esto lo resumiría en irresponsabilidad, cobardía y falta de humanidad. Que cada uno elija.
Esto fue un resumen muy rápido del meollo de la cuestión, pero centrándonos en el núcleo del problema no podemos sacar muchas conclusiones más de "pobres negritos, como van a evolucionar si no paran de matarse entre ellos". Es una lectura rematadamente simplista, propia de aquel que no tiene la más mínima idea de lo que trata el asunto. El problema es que fue el mismo razonamiento que hicieron la mayor parte de los medios de comunicación: "Esto es una guerra civil". Fácil no? De nuevo propongo otro adjetivo: Vergonzoso.
Retrocediendo un poco en el tiempo podemos llegar a los origenes (con sus motivos reales) de la distinción entre hutus y tutsis.
Después de la I GM los colonos belgas gestionaban el territorio, dándole el gobierno a la minoría tutsi a la que podían tener más controlada. Pero ellos basaban esta decisión en las diferencias que a su juicio existian entre ambas etnias (incluyendo algunas como las que relacionaban a hutus con agricultores y tutsis con pastores, pero sobre todo aludiendo a un "emparentamiento" de los tutsis con el Rey David. El que sale en la Biblia, ese mismo).
A medida que los belgas iban perdiendo poder en la zona los hutus ganaban fuerza, y finalmente se levantaron en la revolución de 1959, rechazando la monarquía tutsi e instaurando su república hutu. Poco después de esto Ruanda lograría la independencia, siempre bajo el mandato de hutus. Este primer daño colateral del colonialismo europeo generó un par de decenas de miles de tutsis muertos y más de 100.000 refugiados.
En esta época se promovió la discriminación de forma oficial (los tutsis no podían acceder a educación, empleo público ni al ejercito) a la vez que se vivían situaciones de guerra civil cada vez que los tutsis exiliados organizaban incursiones militares en territorio ruandés.
En 1973 se tranquilizó la situación tras el golpe de Estado de Habyarimana, que buscaba un nuevo hermanamiento entre ambas etnias, de hecho los tutsis pasaron a tener un papel importante en el nuevo gobierno controlando las finanzas.
La economía iba bien (principalmente gracias a la exportación de café) y el conflicto interno parece que llegaba a su fin. Sólo quedaba un problema, los exiliados tutsis. Y ante esto el gobierno no daba solución alguna.
La década de los 80 terminó con una bajada brutal del precio del café, lo que condenó a aquellos pequeños productores como Ruanda, el hambre golpeaba con fuerza al país y los tutsis golpeaban con fuerza desde el exterior.
Si en la primera parte de nuestro relato era Bélgica la encargada de asumir el vergonzoso papel de cómplice con gobiernos del terror después lo sería Francia. El gobierno de Mitterrand ayudó al gobierno hutu en el momento en que estos volvieron a ejercer la matanza como norma. Las cifras de estas masacres empezaban a ser estratosfericas (Como dato un ejemplo de una matanza llevada a cabo en enero de 1993, donde 70 hutus acabaron con 100.000 personas, más de 300 muertes por día) y servirían como preparación para lo que se acercaba.
Ese mismo año de nuevo Occidente volvería a sembrar un campo propicio para el odio entre hermanos. El proceso de Paz de Arusha (Tanzania) buscaba una nueva reconciliación nacional, tiene gracia que Estados Unidos o Francia se erigieran ahora en adalides de la paz.
La firma de estos acuerdos implicaba una realidad multipartidista en Ruanda, y una gran representación de los rebeldes tutsis (mayor que la real), lo que hacía peligrar mucho el modelo de supremacia hutu que llevaba imperando tanto tiempo.
Ya de vuelta con el avión atentado el fatídico 6 de abril de 1994, los hutus obtuvieron la excusa perfecta para, en un contexto donde se estaba (en teoría) encarrilando la tan ansiada reconciliación y con los acuerdos de paz firmados (con un esperanzador futuro para los tutsis), comenzar el mayor genocidio de la historia.
El gran éxito de esta matanza fue el implicar a todo el mundo, absolutamente todos. Primero empezaron las milicias hutus, que "enseñaban" a la población civil lo que debían hacer. Después ese odio generacional entre etnias hizo el resto.
Dejando un poco de lado la lamentable actuación de los medios de comunicación no queda otra que hablar del papel de la sociedad internacional.
Lo más triste es que prácticamente se redujo a lo mismo, esgrimir que se trata de un conflicto interno a la vez que las pocas iniciativas de apoyo a la zona se iban retrasando más y más y, por otro lado, en ese momento se estaba fracasando en Somalia...
En junio (2 meses después del inicio) el Consejo de Seguridad envió un par de miles de soldados franceses en la llamada operación turquesa, no fue un éxito en cuanto a paralizar la matanza pero al poco tiempo el gobierno hutu cayó finalmente y la guerrilla tutsi tomó Kigali.
Aquí tuvo lugar el último vuelco, millones de hutus escaparon a Zaire donde se creó el mayor campo de refugiados del mundo, malviviendo en condiciones miserables y preguntándose el porque de todo ese sinsentido.
Si quedó claro algo es que los únicos perdedores fueron los habitantes de Ruanda en el momento en que el primer hombre blanco puso allí un pie. Ruanda, o la historia de nuestros genocidios pasivos, de como hay jerarquías que nunca serán derrocadas.
La raíz del odio que exportamos allí es demasiado profunda como para que esto se estabilice en un futuro próximo, todo pueblo enfrentado entre sí es una marioneta (ya sea para "nuestros" fines o cualquier otra manipulación interna), y lo seguirán siendo.
El problema no es que nos de igual, sino que lo necesitamos.
Pueden matar unos u otros, pueden dominar unos u otros. Pero nunca será ellos los que decidan. Ojala me equivoque.
P.D.: Está última imagen es lo único de todo este rollo que tiene algo de sentido. Que así sea.
