You are the number

domingo, 1 de julio de 2012

The boy in the striped pyjamas



Hacía tiempo que un libro no me enganchaba así. Bueno, en realidad no tanto, pero supongo que me sorprende por ser el tipo de libro que en cierto modo  es: nazis malvados que maltratan a pobres judíos desgraciados.
De esos.

Y es que mis últimos 20 años en la tierra fueron generando en mi un gran rechazo a ese tipo de historias, me explico ahora.

En ese período vivimos un autentico bombardeo cinematográfico a gran escala con películas como Schindler's List, La vita è bella, Amén, The pianist, Inglorious bastards.. y en cierto modo otras que extrapolaban esa idea principal a nuestros tiempos para seguir dándonos con ella en la cabeza (Como en American history X y The believer por ejemplo).

Todo esto  no vino solo, mi mente lo asociaba con todas esas noticias que llegaban de Oriente Medio, las cuales nos informaban minuto a minuto de como Israel continuaba ocupando territorios palestinos y como estas ocupaciones y expulsiones  pasaron a ser simplemente reclusiones. Presos en su propia tierra por aquellos que sufrieron tanto, muy irónico.

Pues como iba diciendo llegado un momento simplemente dejé de prestar atención a las manifestaciones artísticas de su sufrimiento, para mí ya no tenían valor, no se merecían mi atención, y mucho menos mis lágrimas. De hecho poco después ya no sólo las ignoraba, sino que las despreciaba con todas mis ganas. Donde otros veían historias de dolor yo sólo encontraba el intento de seguir alargando un pasado tormentoso para tapar todo aquello por lo que la humanidad se avergonzaba de ellos actualmente.

Pero todo empezó a cambiar un poco de la forma más casual posible, buscando en la biblioteca cualquier novela en inglés y decidiéndome  (sin estar muy convencido) por esta que le da título a la entrada. Parece que leer un libro sobre el tema no rompía el peculiar boicot que realizaba desde hace algún tiempo (yque siempre fue el princpial motivo para, a día de hoy, aún no haber visto Schindler's list).


Sorprendentemente la historia me atrapó pronto, y sin darme cuenta Bruno entró a formar para siempre parte a mi hall of fame de protagonistas literarios, compartiendo espacio y notoriedad con fenómenos como Daniel Sempere, los animales de la granja Manor, Holden Caulfield, Harry, un príncipe extraviado,  o aquel pastor llamado Santiago. 


Y de la mano de Bruno asistí hipnotizado al contacto con su gran amigo Shmuel, sin darme cuenta de que él era uno de esos judíos maltratados por nazis horribles que tanto me aburrían. Pero en cuanto lo conocí no pense en judíos ni en nazis ni en guerras ni razones. Sólo podía pensar en una cosa: Sólo es un niño. 


Y esa fue la bofetada que necesitaba para perder unos cuantos prejuicios, de esos que te dominan sin darte cuenta, de los que cada día que pasa entran más dentro y llega un terrible día en el que ya son parte de tí. 


Contar el conflicto mediante una amistad. Retratar la destrucción y el sinsentido desde la creación y la pureza. Genial.



Esto es lo que me encanta del libro, poder ver a dos niños representar aquello que son: niños. Con sus aventuras, sus miedos, sus deseos, su hambre... pero sin intoxicarse más que lo estrictamente necesario de todo aquello que les rodea. Obviamente en el caso de Shmuel el peso de la realidad es mucho más duro, pero el autor siempre le otorga ese mínimo de "autonomía infantil", hasta el punto que la búsqueda de su padre con Bruno se planifica como una gran aventura, como su juego.

La contraposición con Josue (La vita è bella) es clarisima, este no es consciente de nada de lo que le rodea mientras Shmuel, pese a no saber con exactitud que sucede, es consciente de cual es su papel y se resigna a ello, teniendo a Bruno como faro y disfrutando de su amistad como sólo los niños saben.

LLegando este punto de comparaciones tampoco me puedo olvidar de "Promises" (http://www.filmaffinity.com/es/film332729.html), donde el experimento consiste en intentar sentar a niños israelís con palestinos y que se dediquen a lo que los niños inventaron: a jugar. En este caso al tratarse de un documental  podemos alarmarnos un poco al ver como niños tan pequeños pueden estar tan condicionados por su entorno, con posiciones iniciales cuya evolución lógica nos sugiere una acentuación infinita  muy grave para cualquier convivencia pacífica. Siendo un poco más frío no puedo dejar de pensar en que este documento (Promises) evidencia la imposibilidad total de que en algún momento un hijo de un soldado nazi y un judío pudieran llegar siquiera a cruzar sus miradas sin tirarse de los pelos indefinidamente (Otra cosa que los niños hacen como nadie), pero como ya dije ahora Bruno está en un lugar intocable de mi memoria literaria. Y ahí queda.

Aunque sin duda lo que me terminó de ganar fue esa última frase:

"And that's the end of the story about Bruno and his family. Of course all this happened a long time ago and nothing like that could ever happen again. 
Not in this day and age"


Un final tan atemporal como triste y cierto (Entendiendo toda la ironía que encierra)


Y es que el mundo está lleno de inocentes niños con pijamas a rayas que sufren todos esos conflictos de sus mayores que tan ajenos le son. Por lo menos al principio. Desgraciadamente nuestro mundo tiene una capacidad aterradora para convertir a nuestros niños en adultos. 

A estas alturas ya me da un poco más igual que los historiadores israelís se afanen por agrandar las ya de por sí terribles consecuencias del nazismo, que se siga sacando a día de hoy partido de todas esas desgracias para autoperpetarse o que se intenten borrar todas las victimas no judías de los temibles campos de exterminio (gitanos, comunistas, polacos...). 

Lo verdaderamente importante es que mientras el ser humano sea capaz de imaginar historias como la de Shmuel basándose en la realidad seguiremos condenándonos a nosotros mismos, y con el "nosotros" me refiero a un gigantesco todos (TODOS) del que parece que nunca tomaremos conciencia. 

El mundo crece y también aumenta nuestra capacidad para silenciar aquello que no nos interesa, lo que nos deja demasiado espacio para demasiada gente encerrada en sus alambradas de espino, sean cuales sean. 


Mucho por recorrer todavía... y en la otra dirección que hasta ahora. 







Pero no quiero despedir (a saber hasta cuando) este post tan confuso (en cuanto a ideas por lo menos) sin antes ser un poco más egoísta y optimista. 

Pues pese a todo lo malo que nos rodea debemos ser conscientes de la increíble capacidad que tenemos para cambiarlo de mil maneras distintas. 



Como ejemplo la obra del señor John Boyne, que pese a todo lo que tenga e irreal me enseñó que el foco debe estar en las personas, y no en los horrendos conjuntos que estas forman tantas veces. 
Muy American Beauty y muy cierto: "Look closer".

Así que cierro dándole las gracias por triplicado:

1. Gracias por regalarme un buen libro

2. Gracias por obligarme a sentarme y escribir

3. Gracias por hacer que hoy me acueste siendo un poco mejor persona. 




Caribbean blue-Enya