1995. Los veintipocos.
Viajar. Que gran invento, nunca sabes que te vas a encontrar.
Y en medio de Europa, en un tren cualquiera empezáis a hablar. Sin más.
Habláis, habláis habláis. Y os bajáis del tren. Para siempre.
Es una noche de esas que no terminan, a la que recurrirás tantas veces cuando busques algo de esperanza en tus peores días.
Tú fuiste el protagonista. Creaste algo que no morirá nunca. ¿O sí?
En medio de una despedida atropellada, acelerada, torpe... Os repetís la promesa: "En un año nos vemos aquí!"
¿Tonterías de críos?
Cada uno de los días del próximo año serán grandiosos. Ya sólo faltaba uno menos para recuperar la magia.
Pero lo cierto es que no hubo reencuentro. Bofetadas del mundo real demasiado pronto.
2004. La treintena.
Las responsabilidades aprietan, los hijos crecen y los amores de juventud se olvidan.
Que mal marketing para una década.
Pasan 10 años, pero le sigues dando vueltas a esa noche. Y sabes que no eres el único.
Ciertos recuerdos pesan demasiado como para jugártela, como para condenar al olvido a lo que fue tu mejor momento, ese que querrías enmarcar para siempre. Y lo haces.
¿Que hay que escribir un libro sobre esa noche y aparecer en su ciudad natal para que oiga tus gritos? Pues venga.
Sabias que estaría allí. Y volvéis a hablar (Os encanta hablar).
Os da miedo preguntar. Estáis aterrorizados. Sabéis que cada uno tiene su vida encarrilada, y que decirlo en voz alta sería matar todo lo que os ha mantenido vivos (No el sentido biológico. Pero casi)
Pero llega el momento de soltar las bombas. Pero sois más listos y os escondéis en un refugio nuclear. Juntos.
Todo es taaan complicado.
Pero las segundas oportunidades son siempre taaaan fugaces y atractivas...
Te canta una canción. Y se cierra el telón.
2013...
Resulta que sois unos valientes. Unos locos. Románticos. Gente rara.
Volver a veros en París fue demasiado tentador y ni siquiera las cadenas que aprisionaban vuestros sueños eran suficientemente fuertes para evitar lo inevitable.
Aunque el ruido de las cadenas al romperse siga retumbando y robándoos el sueño.
Pero es lo que quisisteis siempre. Estar juntos.
Aunque el precio puede que sea demasiado alto: No ver a tu hijo, que tu ex te odie, cambiar toda tu vida de franja horaria...
A veces hasta parece que ese tren os condenó.
Estar juntos fue terminar el cuento de hadas y crear algo real. Hay que pagar un peaje mucho más caro que el que habría resultado diez años antes.
Pero si la vida os llevara a ese tren de nuevo, casi 20 años antes? Habríais cambiado algo de lo que hicisteis o deseasteis?
Pues claro que no. Porque la vida no es perfecta. Sólo tiene momentos perfectos.
Y eso sólo los valientes lo sabrán.



No hay comentarios:
Publicar un comentario